En una casa que tenía una cochera se encontraba en un terreno algo descuidado que solo lo constituían varias casas y un gran árbol que solo se paseaban por ahí los perros, se encontraba un niño de cabellera azabache y ojos azules.
A sus escasos nueve años Darien Chiba ya había conocido la amargura de la vida. Quedo solito en el mundo después de la muerte de su madre, dependiendo de su padrastro.
—¡en vez de estar jugando deberías ayudarme! ¡Solo te la pasas holgazaneando!—dijo un señor de unos 30 años de edad de cabellera plateada y con lentes que se encontraba revisando el motor de una camioneta
—‘papa Soichi otra vez esta enojado conmigo… ¿Por qué no me quiere?’—pensaba el pobre niño mientras el jugaba en el piso con un muñeco que tenia la figura o forma de un niño, con su overol, camisa, zapatos y gorrito.
El mecánico amargado por su viudez y dificultades económicas, descargaba todo su odio a la vida con la inocente criatura.
—¡Ya deja ese estúpido muñeco y ven para acá!—gritaba mientras intentaba quitarle a el muñeco
—¡no, papa Soichi! No me lo quite, me lo regalo mi mami—no podía quitárselo debido a que el niño trataba de evitar que se lo arrebataran y el muñeco solo era jaloneado para ver quien se iba a quedar con el.
Quien sabe a donde hubieran acabado las cosas si no fuera por la llegada de él cliente mas importante del mecánico
—¡buenas tardes Soichi!—dijo un hombre de unos 45 años de edad de cabellera castaña clara y que portaba un traje elegante
—¡señor Alpha! Que gusto verlo por aquí. Ya esta listo su auto, venga para que lo pruebe—
—¡Papa!¡quiero helado!—dijo un niño de cabellera castaña y ojos azules.
Había tanta soledad en su vida que, al ver que un niño de su edad, Darien sintió una gran ilusión de poder tener un amigo.
—no papa, no te vayas. Quiero mi helado.—dijo con lagrimas en sus ojos
—Ya estate quieto Steven, ahorita vuelvo—dijo el señor yendo hacia la parte de atrás del taller en donde se encontraban varios autos estacionados, algunos con la cajuela o cofre abierto y otros levantados del suelo con la rampa.
—no llores, tu papito ahorita regresa—le dijo el pequeño niño pelinegro
Su bondad hizo que sin pensarlo le entregara lo único que tenía y lo que mas amaba en este mundo.
—ya por favor, deja de llorar; mira te regalo mi muñeco—dijo mostrándole el objeto que tenia entre sus manos
—¿d…de veras, e…es para mi?—dijo tratando de detener su llanto.
—si vas a ver que el te hará reír mucho cómo a mi—le dijo con sus ojitos brillando y sonriéndole, mientras que Steven ya había dejado de llorar.
—esta muy bonito, ¿Cómo se llama?— decía mientras miraba al muñeco con detenimiento que tenia entre sus brazos.
Pero antes de que el pequeño pudiera responder, la áspera voz de su padrastro provocó que sus manitas temblaran asustadas y que el se encogiera temeroso.
—¿estas loco o que te pasa? ¿Cómo le das ese trapo a un jovencito?—dijo gritando y enojado
—l…lo siento, p…papa Soichi—dijo, Steven solo observaba un poco confundido con el muñeco entre sus manos
—¡voy a tirar esa cosa a la basura! ¡Que vergüenza, dios mío!—dijo agarrando el muñeco de las maños del niño
—¡no! ¡Papa! ¡Papa! ¡Me quiere quitar el muñeco!—gritaba desesperado tratando de evitar que se lo arrebatara de sus manos.
Los gritos y el alboroto inquietaron a Guillermo Alpha, quien apresurado salió de su coche que por el ruido del motor no había podido escuchar la conversación.
—¿Qué esta sucediendo?¿porque tanto griterío?—
—ay señor disculpe. Es que al tonto de Darien se le ocurrió regalarle ese trapo a su hijo—explico
Soichi estaba furioso y convencido de que su hijastro lo había metido en problemas con su mejor cliente, quiso darle su merecido.
—¡Pídele disculpas al jovencito!—le dicto
—tranquilícese, por favor—dijo el señor Alpha
—¡snifff…snifff…!—no podía articular palabra solo estaba sollozando.
—no es para enojarse. Debe estar orgulloso de que su niño tenga tan buen corazón, ¿verdad Steven?—decía limpiando las lagrimas de la cara de Darien
—si papa, quiero que Darien vaya a mi casa porque ya es mi amigo—mientras lo abrazaba.
Desde ese día, las puertas de una de las familias más ricas de Jalapa quedaron abiertas para el pequeño huerfanito, y así, se convirtió en el compañero de juegos del niño rico.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Una mañana Darien había salido al mercado a comprar algo para hacer la comida con el poco dinero que había ganado Soichi.
Estaba comprando algunas frutas cuando escucho su nombre
—Darien—dijo una cariñosa voz el niño volteo a ver a una señora de unos 64 años de edad, cabellera azul clara y ojos cafés
—Hola señora Guadalupe—
—Cuantas veces te tengo que decir que solo me digas lupita—
—lo siento…seño… perdón señora lupita—
—vez es muy fácil—con una sonrisa— y dime ¿Qué viniste a comprar el día de hoy?
—estoy comprando carne y un poco de verduras—
—ya veo y que paso, porque ya tengo días que no te veo por aquí—
—es que a papa Soichi no gana mucho y hay algunos días en los cuales no comemos porque el no tiene dinero—
—no lo sabia—la señora sabia que el pobre niño no tenia nada que comer puesto que su padrastro cuando ganaba algo de dinero una parte la usaba para pagar sus deudas y lo que le sobraba se lo gastaba en bebidas alcohólicas y se ponía a tomar dejándolo sin comer, muy pocas veces el le daba dinero para que el pudiera comer, ella lo ayudaba en lo que podía, trataba de llevarle comida a diario a pesar de que Soichi se oponía a ella no le importaba, recordó como lo conoció cuando su padrastro y el fueron a comer a su fonda de ahí ella se encariño con la criatura.
---------------------------FLASHBACK---------------------------------------
Ella se encontraba atendiendo a algunos clientes, cuando de repente apareció Soichi en la puerta de su fonda, algunos de sus clientes lo conocían y solo lo miraban de diferentes formas con fealdad, odio, pena y lastima. Ella no entendía el porque de esos sentimientos pero ahí se percato de su acompañante, al ver al pequeño el impacto le causo ternura y cariño hacia la criatura que sin proponérselo se había robado su corazón. Sus ojos azules como el mar azul, su cabello negro como la noche y su pequeña sonrisa que daba ternura a cualquiera.
Había conocido a Soichi cuando a su hijo se le había descompuesto el coche en la carretera cuando él venia de visita al pueblo, su hijo y ella fueron a llevar el coche al taller y ahí lo conocieron, solo conocía a su esposa únicamente nunca pensó que ellos tuvieran un hijo, meses atrás se había enterado por medio de rumores que Elizabeth, así se llamaba la esposa de Soichi había fallecido, y lo comprobó al ver como trasladaban el cuerpo de la señora por las calles del pueblo, ni siquiera había visto al niño, se preguntaba si el no había dejado que se despidiera de su mama, ahora entendía las miradas hacia el.
Soichi y el pequeño se acercaron al mostrador y se sentaron en los taburetes esperando ser atendidos, ella termino de atender a los clientes y se dirigió atrás de la barra y miro detenidamente al pequeño, el cual solo la miraba un poco tímido
—¿Qué les sirvo?—pregunto amablemente
—para mi un filete de res—dijo simplemente Soichi
—y ¿para ti?—dijo mirando al niño
—a el tráigale una sopa—contesto el adulto por el.
—en un momento—dijo dirigiéndose a la cocina, no podía creerlo ni siquiera lo dejaba hablar, ahora entendía los otros rumores que había escuchado, que Elizabeth era viuda y se había vuelto a casar, escuchó otros en donde decían que el maltrataba al pobre niño, no entendía el porque o de que niño hablaban, otros mas eran de que Soichi no era el padre biológico del niño que era su padrastro, y ahora entendía todo cuando lo vio.
Se apresuro en hacer el pedido y llevo los platos, eso si se aseguro de que el plato que era para el pequeño estuviera bien servido, porque vio que el pobre estaba bien flaco.
—aquí tienen—sirviendo los platos.
—gracias—empezando a rebanar su filete cuando vio que el pequeño no tocaba su plato le ordeno—que estas esperando empieza a comer—el solo obedeció y comenzó a agarrar la cuchara con su contenido
—ten cuidado esta un poco caliente—le dijo Guadalupe al pequeño
—gracias—dijo en susurros el niño, el comenzó a comer despacito mientras su padrastro ya había acabado de comer, prácticamente había devorado su plato como si no hubiera comido en días.
Se levanto de su taburete y saco su cartera
—¿Cuánto es?—
—no es nada es de cortesía—negando con las manos
—dije ¿Cuánto es?—un poco exaltado—levántate que ya nos vamos—
—pero…papa Soichi aun no he terminado—
—dije que nos vamos—
—esta bien—a punto de levantarse
—espere—dijo deteniendo el movimiento del niño—porque mejor el se queda aquí y así usted me puede pagar, le aseguro que a el no le pasara nada, es mas aquí el estará tranquilo, apuesto a que usted tiene otros asuntos que atender—
—es cierto—reflexionando—en estos momentos tengo muchos asuntos que hacer y simplemente no puedo llevarlo pero tampoco se con quien dejarlos
—fácil, su asunto esta resulto—
—así ¿como?—
—el se queda aquí conmigo, y cuando el termine de comer lo mando a su casa o si usted lo prefiere se lo puedo cuidar en lo que regresa—
—de acuerdo—resignado—le vuelvo a repetir ¿Cuánto es?—impaciente
—son $30—
—aquí están—dándoselos—te comportas y al rato paso por ti—
—si papa Soichi—
—me tengo que ir si no se me va a hacer tarde—salió de la fonda ante la mirada de los clientes que después de que el salió por la puerta regresaron a sus conversaciones privadas.
Guadalupe al ver que el se había marchado comenzó a hacerle platica al pelinegro.
—ahora ya puedes seguir comiendo—
—gracias—volviendo a tomar la cuchara y comenzando a comer de nuevo, ella trato de hacerle platica preguntándole algo sobre su vida
—¿Cómo te llamas?—
—Darien chiba—
—¿edad?—
—Nueve años—
—¿cumpleaños?—
—3 de agosto—
—¿tienes amigos?—
—no—dijo tristemente
—¿Por qué no tienes amigos?—
—papa Soichi no me deja salir a jugar siempre me manda a vender chicles o el periódico para ganar algo de dinero—
—¿y desde a que horas de manda a trabajar o en que horario?—
—todo el día, desde el amanecer hasta en la tarde—casi al borde del llanto—ni siquiera puedo saludar a algunos niños porque el llega y me grita—derramando lagrimas—incluso me pongo triste porque yo quiero jugar y no puedo, veo a otros niños como yo jugando y riendo yo quisiera ser como ellos—agachando la cabeza
—ya no llores si, no me gusta verte triste, te vez mejor sonriendo—tomándole su pequeño mentón y levantando su carita—promete que trataras de sonreír aunque sea un poco—
—lo prometo—dejando de llorar—¿Cómo se llama señora?—
—me llamo Guadalupe pero dime lupita—
—de acuerdo señora Guadalupe—
—lupita—resignada por el momento
—Mejor hablemos de otra cosa—tratando de ver que podía preguntarle—¿que quieres ser cuando seas grande?—
—doctor—con sus ojitos iluminados, después de decir eso perdieron ese brillo—la verdad no se si podre hacerlo—
—¿Por qué?
—porque no tengo uniforme y zapatos, ese es el único requisito para entrar a la escuela—
—ya…ya no vuelvas a llorar—tratando de evitar que llorara—estoy segura que tu podras conseguir ser doctor—
—¿en serio?—
—si, solo tienes que tener fe y nunca darte por vencido, sigue luchando para alcanzarlo—
—si—asintiendo con la cabeza—muchas gracias lupita—al oír esto ella se sorprendió pero no dijo nada.
—de nada que te parece si mejor sigues comiendo y después te doy un vaso de leche con panqueques—
—no quiero molestarla con mas comida en serio para mi es suficiente la sopa—
—tonterías, no te preocupes si quieres puedes venir a mi fonda a comer cuando quieras o cuando tengas hambre y no acepto un no por respuesta—
—de acuerdo—resignado y acabando su sopa, después la señora le trajo lo que le había prometido.
Desde ese día las puertas de esa fonda quedaron abiertas al pequeño que para cuando el pobre no tuviera nada que comer, fuera ahí y la señora le diera algo nutritivo para que no estuviera desnutrido.
----------------------------------FIN DEL FLASH BACK--------------------------------
Decidió alejar esos pensamientos y mejor se enfoco en ayudar al pequeño.
—Sabes que, porque no vienes a mi casa un momento tengo unas galletas que hice que de seguro te encantaran—
—no puedo, debo regresar—nervioso—si me tardo en volver papa Soichi se enojara conmigo—
—por eso no debes de preocuparte, si quieres yo te llevo a tu casa y le digo que estuviste conmigo—
—es que…—indeciso
—ándale—
—de acuerdo señora lupita—
—bien, que te parece si me ayudas a terminar de hacer las compras para después irnos a mi casa—
—no va abrir la fonda—
—no comúnmente cierro los martes para venir al mercado a comprar los ingredientes, de todas formas mis clientes estas enterados de eso—
—bien vamos—ambos fueron comprando los ingredientes, terminando con esto ambos se dirigieron a la casa de la señora, era de una sola planta de color verde limón, con amarrillo claro, con un pequeño jardín el cual tenia varios tipos de flores, rosas, claveles, jazmines, girasoles y otras mas, al llegar al lugar Guadalupe le abrió la puerta para que el entrara. Se dirigió a la cocina y saco las galletas que había hecho con anticipación con la esperanza de que esa mañana se encontraría con el pequeño, el las acepto con gusto y las acompaño con un vaso de leche y se la pasaron platicando por un buen rato. Al darse cuenta de la hora Darien salto del sillón y se despidió de Guadalupe.
—señora lupita, ya es muy tarde y me tengo que ir, de seguro papa Soichi me regañara —
—tranquilo yo te llevo y asi le explico la situación—
—Gracias—
Los dos partieron a casa de Darien y al llegar se encontraron en la puerta a un Soichi muy enojado. Le grito al pobre Darien, lo castigo y lo mando a su habitación, Guadalupe le reclamo que no debía de ser muy duro con el, que apenas era un niño. El la ignoro y dijo que solo era un estorbo que no le servía de nada. Le advirtió que no se metiera sus asuntos que el niño solo era problema suyo, de nadie mas y le cerró la puerta en las narices de la pobre mujer, ella solo rogaba que el niño fuera protegido de las garras de su padrastro y que lo ayudara a ser feliz, con ese deseo se dirigió a su casa.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
En un día soleado se encontraban Darien y Steven jugando en el jardín de la casa de la familia Alpha.
—Steven, vamos al estanque a arrojar piedras—mientras ambos corrían de prisa.
—¡el que llegue primero gana!—
Los dos compartían todas sus ilusiones, sueños y secretos más ocultos. Los platicaban con los ojos llenos de luz y con una gran sonrisa inocente en sus labios.
Estaba los dos en la orilla del estanque sentados y hablando sobre lo que querían ser de grandes.
—¿sabes? Yo de grande voy a ser doctor para salvar muchas vidas—
—¡yo de seguro heredare las empresas de mi papa! Pero eso si, cuando crezca me casare con la niña de mis sueños—
En ese momento, Darien recordó su triste realidad; las lágrimas nublaron sus ojos y sintió una desgarradora melancolía.
—B…bueno…quien sabe si pueda lograr ser doctor…—suspirando—aaah…tu si que tienes suerte…—
—¿yo? ¿Porque?—
Su voz se quebró y el fuerte dolor que sentía desde la muerte de su madre, lo obligo a compartir sus penas con el amigo que tanta confianza le inspiraba.
—T…tienes una casa muy bonita y tus papas te quieren y son tan buenos…—dijo con tristeza—en cambio yo… ¡yo siempre he sido un estorbo para mi padrastro!—
—Darien…no llores…no llores…—pasándole un brazo por los hombros y tratando de darle consuelo
El pobre huerfanito percibía el cariño de Steven y por primera vez desde hace mucho tiempo, sintió que alguien lo quería de verdad.
—pero si yo te quiero Dar—
—gracias Steven, eres tan bueno conmigo—
La suave brisa y los rayos del sol festejaron el solemne juramento con el que los pequeños sellaron su amistad.
—se te olvido la cosa mas importante por lo que soy muy afortunado—dijo—porque tengo al mejor amigo del mundo… ¡tu! ¡Y “nunca de los nuncas” nos dejaremos de ver!—
—si, tu eres para mi como un hermano y seremos amigos para siempre—
Así paso el tiempo feliz de las vacaciones y los dos niños regresaron a sus respectivas escuelas. Para Steven fue un momento muy difícil porque ya no podía ver a su amigo tan seguido
‘ojala que Darien estuviera aquí. ¡Odio la escuela! Todos los niños son unos presumidos y chismosos’ pensaba mientras pasaba a lado de dos niños que iban en el mismo salón que el.
—¡miren, miren…! ¡Ahí viene el burro de Steven!—dijo uno de ellos gritando para que toda la escuela se enterara
—¡otra vez saco cinco en matemáticas! ¡ja, ja, ja!—decía otro riéndose
—¡Déjenme en paz!—grito Steven tratando de alejarse de ellos
Cada día era lo mismo y el pobre niño ya no sabía que hacer, ni como defenderse de la crueldad de los demás pero esa tarde…
—¡Burros ustedes!¡son unos tontos!—dijo Darien parándose delante de Steven y gritándoles
—¡Darien!—dijo Steven sorprendido
—¡cállense, escuincles estúpidos! ¡Que les voy a enseñar lo que es bueno! ¿eh?—menciono dándoles un puñetazo
—¡mira a ese harapiento!—
—¡el burro y el mugroso!—
Darien temblaba de indignación y sus ojos aun echaban chispas por el profundo enojo. Odiaba la injusticia y mas si alguien se la hacia a su mejor amigo.
—¡son unos estúpidos! Y tu Steven, no te dejes de nadie… ¡contéstales si te dicen algo—mientras se pegaba disimuladamente la cabeza con su mano hecha un puño.
—tienes razón. Lo voy a hacer la próxima vez—caminando con la cabeza agachada—tu si eres un verdadero amigo, Dar. Que bueno que me defendiste de esos burros… oye, pero tu deberías de estar en la escuela ¿no?—
—este…—nervioso
El dulce niño no quería preocuparlo, pero la verdad era que no había ido a la escuela por falta de uniforme y zapatos.
—M…mi maestra se enfermo y no tuvimos clases—
—ah… pues. ¡Me da mucho gusto que estés aquí conmigo!—abrazándolo
Lleno de angustia, procuro cambiar rápido de tema para no hablar mas sobre ese asunto que tanto lo preocupaba.
—si quieres te ayudo con las matemáticas. Ya veras que es bien fácil—sonriendo
—¿en serio? ¡Seria estupendo!—
La felicidad y la alegría por ayudarle a su amigo desaparecieron de su rostro, cuando mas tarde llegaba a su casa.
—¡por fin, a ver si sirves de algo! Ponle aceite a ese motor que yo tengo mucho trabajo!—mientras el reparaba una lavadora, y a lado suyo se encontraba un Chevrolet que tenia el cofre levantado.
—si, papa Soichi—agarrando la botella de aceite y el embudo.
Le tenía pavor a su padrastro, pero lo que le daba valor de soportarlo era su sueño de seguir los estudios y convertirse en doctor.
—Papa Soichi…necesito uniforme y zapatos para la escuela—decía desde el cofre del auto, en el cual estaba vaciando el aceite.
—¡bah! Ya déjate de esas tonterías de estudios. ¡Mejor haz algo de provecho para ganar dinero!—
—pero…yo quiero seguir estudiando…por favor, papa Soichi ayúdeme—suplicando.
—¡no tengo dinero para esas cosas! ¡Aun no salgo de todas las deudas y tu me pides mas!—
El niño no sabía que alguien mas era participe de esa triste conversación.
—papa Soichi…se lo suplico—
—¡ya basta, Darien! Te dije que no y es ¡no!—
‘¡que malo es ese señor! Pobre Dar. Tengo que ayudarle’ dijo el niño para luego irse de ese lugar.
Desesperado se trago sus amargas lágrimas. Sus sueños se destrozaban despiadadamente con cada palabra del padrastro.
‘¿y ahora que voy a hacer? Sin uniforme no podre entrar a la escuela’ limpiándose las lagrimas que amenazaban con salir y dirigiéndose a su cuarto.
—como si yo fuera millonario. ¡Escuincle ese! ¿Qué se cree?—
Solo en su cuarto, se desgarraba en un sordo llanto, sufría intensamente recordando su infancia y lo feliz que fue a lado de su madre.
—ay mamita, tu que estas allá arriba, ayúdame…no dejes que me quede sin ir a la escuela…por favor…por favor, mamita—arrodillando a lado de su cama, con sus manos juntas y mirando hacia arriba con sus ojos llenos de lagrimas.
Al día siguiente, el milagro ocurrió y el pequeño encontró en la puerta de su casa algo que lo dejo perplejo.
—¿Qué es esto? ¡Aquí hay una tarjeta!—tomando el pedazo de papel y comenzando a leer.
Se estremeció por la emoción al reconocer la letra de su entrañable amigo, y las lágrimas de felicidad escurrieron por su rostro.
‘Darien…este regalo es para ti. Firma “amigo secreto”, ¡oh… es la letra de Steven!’ pensó.
Agarro el regalo y se lo llevo a su cuarto, por suerte para el, su padrastro esa mañana había salido temprano a llevar la lavadora reparada y otras cosas, y aun no había regresado.
Comenzó a abrirlo y al ver el regalo sus ojos brillaron de alegría.
‘¡dios mío! ¡El uniforme y los zapatos! ¡Y que bonitos están! ¡Que bueno es mi amigo!’ abrazando contra su pecho el uniforme.
A pesar de la desbordante dicha que sentía, su humildad hizo que reflexionara sobre el regalo.
‘¡oh! Dios sabe cuanto lo necesito, pero no lo puedo aceptar’
Esa misma tarde lo busco en su casa, decidido a devolverle el uniforme y los zapatos, a pesar de que esa era la única esperanza que tenia para poder continuar con sus sueños.
—hola Dar… ¿Cómo estas?—saludándolo mientras jugaba con unos carritos.
—b…bien Steven… ¿sabes? V... vine a decirte algo—
—dime—
—m…me encontré este uniforme y una tarjetita en la puerta de mi casa ¿fuiste tu verdad?—
—¿yo? ¡Para nada!—con inocencia
—es mejor que me digas la verdad, porque no se que hacer, ¡no lo puedo aceptar!—
—¿pero Darien, de que me hablas? Aquí en la tarjetita dice “amigo secreto”. Debe de tratarse de un amigo tuyo, así que no pienses más y ¡acéptalo!—leyendo la tarjeta hablando como si apenas se estuviera enterado del asunto.
La emoción de poder seguir adelante lleno sus ojos de lágrimas y sintió profundo agradecimiento por la ayuda tan respetuosa de su amigo.
—y ya olvídate de eso… ¡vamos a jugar!—brincando y regresando a donde había dejado sus carritos
‘gracias Steven…gracias mi Ángel guardián…porque se que fuiste tu, amigo mío, el mas grande y el mejor de todo el mundo.’
Y se dio terminado la conversación y se olvido del tema y los dos niños se dedicaron a jugar y Darien estaba agradecido de que al menos había una esperanza de poder cumplir sus sueños.
Continuara…………….
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